
lunes, 16 de agosto de 2010
lunes, 12 de octubre de 2009
Mil Caminos (Remake) Capitulo 1----Cuento
Al bajar del avión sentí el aire helado recorriendo mi rostro, la lluvia del verano estaba sobre toda la pista y el pasto, el olor a tierra mojada incremento la sensación que no desaparecía, habían pasado quince años y ya estaba olvidando su rostro, es increíble que la memoria te puede fallar de esta manera, no podía olvidarla, yo la amaba, no quería olvidarla, no quería darle el lujo a mi memoria de borrarla, me sentía culpable, así que recordé a todas las personas que habían marcado mi vida, las que se fueron, algunas habían muerto, otras simplemente desaparecieron y no supe mas de ellas.
Era el año de 1994, estaba apunto de cumplir 21 años, recuerdo aquella ladera que visitábamos, el único lugar donde ella se sentía segura y que decía era nuestro, lo recuerdo con detalles, la ladera llena de pasto, con algunas piedras color naranja que pintaban un hermoso contraste, el riachuelo que bajaba desde la montaña pasaba justo por debajo de un árbol enorme y frondoso, la lluvia constante mantenía la hierba fresca y verde.
Intento recordar su rostro, me esfuerzo y consigo su perfil, ¿será por que siempre caminaba a su lado?, el cabello a los hombros, lacio y negro, voltea y me mira fijamente a los ojos, su mirada emerge enseguida, logro tener una imagen mas clara de su rostro.
Ana sujetada a mi mano me arrastraba casi corriendo hacia lo mas alto de esa ladera, al llegar a la parte mas alta nos acostamos en el pasto, veíamos las nubes e intentábamos encontrar la forma de ellas.
Ana siempre hablaba, yo me limitaba a contestarle de manera más analítica las cosas que a ella no le parecían.
Ayax, ¿te gusto?- me dijo.
Claro que me gustas- conteste, poniendo mis manos en la nuca y levantando una rodilla mientras miraba las nubes.
-En ocasiones me siento muy sola, muy triste…Ayax quisiera estar así siempre, disfrutar estos momentos- dijo, volteo hacia mi, note una mirada angustiada en sus ojos.
-No te preocupes, nunca te dejare sola- le dije.
-¿Nunca?
-Jamás.
Ana se incorporo bruscamente, tomándose las rodillas y comenzó a mover la tierra con una pequeña espiga mientras miraba hacia el suelo.
-Eso no puede ser- dijo Ana. Y volteo a mirarme con una sonrisa compasiva, me tomo de la mano y me levanto de un solo jalon para caminar de nuevo.
Mil caminos Capitulo 2
CAPITULO 2
Durante la prepa nunca fui popular, tenía 18 años, mis compañeros en ocasiones me molestaban al no querer jugar futbol con ellos, prefería ir a la biblioteca y leer todos los libros que existían ahí.
El único amigo que tuve se llamo León, el me defendía de las agresiones de los demás alumnos, me decía ”vamos Ayax, no les hagas caso, ¡vamos a jugar billar!”.
León era una persona agradable, no era muy listo y siempre dejaba sus tareas para el ultimo momento, era un chico con mucha suerte, era simpático y había muchas chicas que lo pretendían, su padre era un hombre de negocios y tenia muy altos ingresos.
-¿Te gustaría que te presente a una amiga? Mi novia va en una escuela de mujeres, saldremos esta tarde y llevara a una de sus amigas, ¡espero puedas ir!
-¡vale!- respondí
Así conocí a Ana, pasábamos mucho tiempo los tres juntos, a veces cuando León se paraba y nos dejaba solos, simplemente nos callábamos, no teníamos nada de que platicar, y en cuanto aparecía el se reanudaba la conversación. Ana hablaba muy poco y yo prefería escuchar, a hablar.
Ana era una chica muy cariñosa con León, siempre mostraba una sonrisa hacia el, era atenta y se notaba que disfrutaba la presencia de León en cualquier momento, sin embargo marcaba un semblante serio al estar con otra persona o conmigo, no se sentía cómoda y lo reflejaba con su mirada. León era de igual forma hacia ella, cariñoso y muy atento, cuando existía un momento de silencio entre los tres León contaba un chiste o platicaba alguna anécdota chistosa, el se esforzaba a hacer la platica, ellos dos hacían una bonita pareja.
León un día me contó que la timidez que padecía Ana se debía a que su papa la golpeaba cuando este tomaba, sin ninguna razón o justificación y León imaginaba que por eso era su comportamiento antisocial, “Ayax, créeme que si lo veo a solas lo enfrentare, Ana no se merece eso.” Dijo.
-Estoy de acuerdo contigo- recalque.
Una tarde de junio después de comer afuera de la escuela, León me dijo que no quería entrar a las siguientes clases y me propuso jugar una reta de billar. Como tampoco tenia gran interés por entrar decidimos irnos a la colonia a jugar.
Gane el primer juego, mientras tomábamos una cerveza y fumaba un cigarro, León no dijo ni una sola palabra después y me gano e las tres partidas siguientes.
-¿y ahora por que tan serio?- le pregunte.
-hoy no quería perder- me dijo sonriendo con una cara de satisfecho y le daba el ultimo trago a la cerveza.
Salimos del billar y el se fue a su casa, yo decidí pasar a una tienda de discos a buscar un disco de Sonic Youth, no lo volví a ver jamás.
León se mato esa noche en su casa, se encerró en su coche, metió una manguera al escape introduciéndola por la ventana, selló la ventana con cinta canela, encendió la radio y puso en marcha el motor.
Cuando sus padres llegaron de una fiesta, León ya estaba muerto, no dejo ninguna nota ni dio alguna razón para hacer eso, simplemente lo hizo.
Mil caminos Capitulo 3
CAPITULO 3
En julio tuve que irme a un lugar a estudiar la universidad, rentaba un cuarto pequeño con una sola ventana y un catre demasiado viejo para dormir sobre el, las paredes blancas y sucias anunciaban que alguien ya había vivido ahí, en el cuarto de enfrente vivía un muchacho regordete, se llamaba Antobelly, era muy raro pues se levantaba a las 5 de la mañana a hacer sus ejercicios matutinos, escuchaba la música dance salir de su cuarto mientras sentía los saltos que daba dentro de su cuarto.
Jamás tuve otro amigo, solo compañeros, uno de ellos era Arturo, un muchacho con el que solo nos acompañábamos a beber los fines de semana y con el que me juntaba para conocer chicas, me acostaba con alguna que sabía no volvería a ver, llegado el domingo me sentía vacío, sucio.
En una ocasión caminaba por las calles del centro de la ciudad, una ciudad muy pequeña, en un semáforo para cruzar la calle mire del otro lado a una joven que se me hizo conocida, al acercarme me di cuenta que era Ana.
-¡¿Ana?!- dije.
-¡Hola, Ayax!- replico mientras se quitaba los lentes obscuros.
-¿Cómo estas Ana?- le pregunte para comenzar una conversación.
Se coloco los lentes de nuevo y me dijo “voy a tomar un café, ¿me acompañas?”, afirme con la cabeza y comenzamos a caminar. En todo el camino no cruzamos ninguna palabra, imagine que estaba molesta, León había pasado el último dia de su vida conmigo, fui la última persona con la que converso y con cu novia con la que llevaba 6 años y decía amar, supuse que esa era su molestia.
-¿Qué haces por acá?- le pregunte pues estábamos a unas 3 horas de nuestras familias en una ciudad diferente.
-Vine a visitar a una amiga, ella estudia en la misma escuela que tu- me respondió mientras observaba como se diluía la crema en su café.
Comenzamos a conversar, realmente no recuerdo sobre que, posiblemente de nada interesante.
Después ella comenzó a visitarme cada semana, siempre íbamos a la misma cafetería y hablábamos de cosas sin importancia, le platicaba de lo gracioso que era ver a Antobelly hacer sus ejercicios matutinos, eso le causaba mucha risa y quería conocerlo.
Caminábamos por horas, a veces no decíamos ni una sola palabra, nunca tocamos el tema de León, aunque pienso que siempre estuvo ahí, nuestros encuentros se debían alo aferrados que estábamos de creer que así lograríamos mantenerlo vivo en nuestro recuerdo.
El 15 febrero era el cumpleaños de Ana, aquel día iría a visitarla a la casa de su amiga Cristina, quien había organizado una pequeña velada, compre unas flores y un par de libros, Un Grito Silencioso de Oé Kenzaburo y La insoportable levedad del ser de Milán Kundera, al llegar el lugar estaba iluminado con unas cuantas velas, Cristina me había dicho que no tardaba en llegar así que los dos decidimos esperarla y darle una sorpresa.
Cristina era una joven que le apasionaba la música, era mayor que Ana y yo, le encantaba tocar el piano, era su instrumento preferido, pero se acomodaba con cualquier instrumento, pues desde niña estudio música en el Conservatorio.
Cuando Ana llego Cristina tomo su guitarra y entono Happy Birthday al puro estilo de Marilyn Monroe, me acerque le di sus regalos y la abrace, al abrazarla tuve una sensación muy agradable, jamás lo había sentido.
Esa noche la pasamos tomando algunos tragos, cristina solo se detenía a cantar para fumarse un cigarro, Ana estaba cómodamente recostada en mi hombro.
Cristina nos dijo - ¿que canción quieren escuchar? Tengo un gran repertorio, así que ustedes pidan, Ana es tu día, pídeme la que quieras-
Ana miro ala ventana, pensando, y dijo, “A Day in the Life de los Beatles, ¿puedes?”
-¡Claro!- respondió cristina- es de mis canciones favoritas.
-¡Que sea esa!- dije ya un poco mareado por las cervezas
-Por Ana, que es su cumpleaños, que cumpla muchos años más y por nosotros que estamos aquí- celebro Cristina.
-Y por los que no están- dijo Ana recargándose en mi hombro y tomándome de la mano.
Aquella noche dormimos juntos Ana y yo. Ella cumplió 19 años.
viernes, 9 de octubre de 2009
Mil Caminos Capitulo 4
CAPITULO 4
Las cosas en la universidad marchaban muy bien, regresamos de unas vacaciones de verano, hacia ya un año que León no estaba con nosotros, ana y yo éramos novios.
Una noche me visito Ana y nos vimos en casa de Cristina, me comento que no se sentía bien, los problemas con su padre iban aumentando y el se ponía cada vez mas violento y ella se sentía rara, sentía que perdía el control al igual que su padre, así que decidió internarse en una granja alejada de la ciudad y sin grandes distractores. Le dije que si esa era su decisión la respetaba, y la apoyaría en todo.
Los días pasaron y Ana se había internado, Cristina decidió acompañarla pues se había terminado la escuela y no encontraba trabajo, en la universidad por mi parte tenia mucho trabajo, el tiempo solo me permitía visitar a ana cada 15 días, pues el lugar al que ella se había recurrido estaba a unas 5 horas del lugar donde vivía.
Cuando iba a visitarla los doctores me decían que ella se estaba recuperando, al parecer tenia un problema psicológico muy agudo, pues el maltrato de su padre, el suicidio de su madre y el de su ex novio habían contribuido al desarrollo de síntomas de histeria en su personalidad. Cristina había encontrado trabajo en ese lugar, así que ella cuidaba personalmente de Ana, dormían en una chocita pequeña, la granja estaba entre un bosque y debajo de una pradera llena de pasto, a Ana le gustaba caminar por esta pradera, y me contaba historias de ella, de un misterioso agujero que se tragaba a las personas, las cuales nunca eran encontradas. Cristina nos entonaba canciones con su guitarra, era la única forma de distracción en ese lugar, Ana siempre pedía A Day in the Life, lo cual la ponía muy triste.
Pasaron 2 años y ana seguía en ese lugar, sin embargo el amor hacia ella era cada vez mas grande, en la ciudad había rentado una pequeña casa, que estaba equipando para la llegada de Ana, pues sus doctores me comentaban que día con día ella daba grandes avances en su estado anímico y mental, cristina me lo confirmaba.
-Ya no le dan los ataques de pánico, ella es muy relajada- me dijo Cristina.
A Ana le comencé a platicar el como estaba quedando la pequeña casa que rentaba, le lleve algunas fotografías que la casera me presto, Ana estaba totalmente emocionada, al igual que yo, esa noche festejamos con vino y algunos cigarrillos, llevé un Pay de queso y la noche amenizada con cristina, era demasiado amena, ala mañana siguiente Ana seguía dormida, me despedí con un beso en la frente y la cubrí con las sabanas, pues tenia que estar en la escuela para presentar un examen ala una de la tarde.
Mil caminos Capitulo 5
CAPITULO 5
La mañana era nublada y lluviosa, en el funeral se encontraban las compañeras de escuela, el padre de Ana y unas personas mas, Cristina sujetaba mi brazo, y yo no quería aceptarlo, Ana se había ido, al igual que su madre, al igual que león.
Cristina me contó que esa tarde ella atendía a otros pacientes, Ana estaba en su clase de música, al terminar Ana le dijo a cristina que iría a dibujar en la choza, al llegar por la noche cristina hallo el cuerpo de Ana colgado en un Polin de la recamara.
Después de la muerte de ana emprendí un viaje sin rumbo, no recuerdo que lugares visite, no recuerdo cuantos días estuve fuera, tampoco si comía o no, finalmente acepte lo que no quería, Ana estaba muerta, ahora solo era un puñado de cenizas, al igual que León, al igual que su madre, nosotros aun estábamos aquí.
Cristina aun mantenía contacto conmigo, dejo de trabajar en l granja y regreso a la ciudad, coloco una escuela de música y nuestra amistad se fortaleció, nos visitamos cada semana y como siempre entonamos A Day in the Life, para los que están y los que por desgracia, ya no están.
Este escrito fue un Remake de la novela "Tokyo Blues Norwegian Wood" de Haruki Murakami.