lunes, 12 de octubre de 2009

Mil caminos Capitulo 3

CAPITULO 3

En julio tuve que irme a un lugar a estudiar la universidad, rentaba un cuarto pequeño con una sola ventana y un catre demasiado viejo para dormir sobre el, las paredes blancas y sucias anunciaban que alguien ya había vivido ahí, en el cuarto de enfrente vivía un muchacho regordete, se llamaba Antobelly, era muy raro pues se levantaba a las 5 de la mañana a hacer sus ejercicios matutinos, escuchaba la música dance salir de su cuarto mientras sentía los saltos que daba dentro de su cuarto.

Jamás tuve otro amigo, solo compañeros, uno de ellos era Arturo, un muchacho con el que solo nos acompañábamos a beber los fines de semana y con el que me juntaba para conocer chicas, me acostaba con alguna que sabía no volvería a ver, llegado el domingo me sentía vacío, sucio.

En una ocasión caminaba por las calles del centro de la ciudad, una ciudad muy pequeña, en un semáforo para cruzar la calle mire del otro lado a una joven que se me hizo conocida, al acercarme me di cuenta que era Ana.

-¡¿Ana?!- dije.

-¡Hola, Ayax!- replico mientras se quitaba los lentes obscuros.

-¿Cómo estas Ana?- le pregunte para comenzar una conversación.

Se coloco los lentes de nuevo y me dijo “voy a tomar un café, ¿me acompañas?”, afirme con la cabeza y comenzamos a caminar. En todo el camino no cruzamos ninguna palabra, imagine que estaba molesta, León había pasado el último dia de su vida conmigo, fui la última persona con la que converso y con cu novia con la que llevaba 6 años y decía amar, supuse que esa era su molestia.

-¿Qué haces por acá?- le pregunte pues estábamos a unas 3 horas de nuestras familias en una ciudad diferente.

-Vine a visitar a una amiga, ella estudia en la misma escuela que tu- me respondió mientras observaba como se diluía la crema en su café.

Comenzamos a conversar, realmente no recuerdo sobre que, posiblemente de nada interesante.

Después ella comenzó a visitarme cada semana, siempre íbamos a la misma cafetería y hablábamos de cosas sin importancia, le platicaba de lo gracioso que era ver a Antobelly hacer sus ejercicios matutinos, eso le causaba mucha risa y quería conocerlo.

Caminábamos por horas, a veces no decíamos ni una sola palabra, nunca tocamos el tema de León, aunque pienso que siempre estuvo ahí, nuestros encuentros se debían alo aferrados que estábamos de creer que así lograríamos mantenerlo vivo en nuestro recuerdo.

El 15 febrero era el cumpleaños de Ana, aquel día iría a visitarla a la casa de su amiga Cristina, quien había organizado una pequeña velada, compre unas flores y un par de libros, Un Grito Silencioso de Oé Kenzaburo y La insoportable levedad del ser de Milán Kundera, al llegar el lugar estaba iluminado con unas cuantas velas, Cristina me había dicho que no tardaba en llegar así que los dos decidimos esperarla y darle una sorpresa.

Cristina era una joven que le apasionaba la música, era mayor que Ana y yo, le encantaba tocar el piano, era su instrumento preferido, pero se acomodaba con cualquier instrumento, pues desde niña estudio música en el Conservatorio.

Cuando Ana llego Cristina tomo su guitarra y entono Happy Birthday al puro estilo de Marilyn Monroe, me acerque le di sus regalos y la abrace, al abrazarla tuve una sensación muy agradable, jamás lo había sentido.

Esa noche la pasamos tomando algunos tragos, cristina solo se detenía a cantar para fumarse un cigarro, Ana estaba cómodamente recostada en mi hombro.

Cristina nos dijo - ¿que canción quieren escuchar? Tengo un gran repertorio, así que ustedes pidan, Ana es tu día, pídeme la que quieras-

Ana miro ala ventana, pensando, y dijo, “A Day in the Life de los Beatles, ¿puedes?”

-¡Claro!- respondió cristina- es de mis canciones favoritas.

-¡Que sea esa!- dije ya un poco mareado por las cervezas

-Por Ana, que es su cumpleaños, que cumpla muchos años más y por nosotros que estamos aquí- celebro Cristina.

-Y por los que no están- dijo Ana recargándose en mi hombro y tomándome de la mano.

Aquella noche dormimos juntos Ana y yo. Ella cumplió 19 años.

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